Jesús (Yeshua ben Joseph)

Yeshua ben Joseph, a quien se le llama Jesús de Nazaret, es un gran dios al igual que lo somos todos nosotros. Pero él no es el único hijo de Dios, es uno de los hijos de Dios. Él fue un hombre que se convirtió en Dios, así como cualquiera de nosotros se convertirá en Dios.

En este contexto, de lo que fue el Maestro Jesús (Yeshua ben Joseph), les hago llegar a muchos buscadores espirituales lo que nos dice con tanto acierto el Maestro Ramtha (El Iluminado), a fin de que se tenga a la mano otra perspectiva espiritual que nos dé luz sobre las andanzas de este gran Maestro.

¿Qué opinión tiene el Maestro Ramtha sobre la corta visita que nos hizo Jesús hace un poco más de dos mil años?

Dice Ramtha… Quiero que sepas algo, en realidad, quiero que lo sepas todo, algo que nadie, excepto los grandes maestros de la antigüedad y aquellos que hicieron públicas las enseñanzas, dijo jamás: que tú eres un Cristo y que tú eres Dios. Eso es lo que era tan escandaloso; era una blasfemia. Es una blasfemia en Occidente; es una blasfemia en Oriente; es una blasfemia en el Norte. Y si verdaderamente vas a conquistar tu imagen, es una verdadera blasfemia en el Sur

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Ese día que rendimos homenaje al día en que Jesús resucitó de entre los muertos y conquistó la muerte, lo hicimos porque él estuvo dispuesto a arriesgarlo todo. Si conciencia y energía lo crean todo, entonces él no habría tenido que temer por su vida, pues él sabía conscientemente que nunca moriría, y, en verdad, que había vivido antes y viviría de nuevo. Eso es jugarse el todo por el todo. Entonces, ¿por qué apostó? Apostó por su Espíritu. Dijo: “Yo estoy con mi Espíritu Santo. Podéis hacer cualquier cosa con mi cuerpo, pero nunca me destruiréis”. Y tenía razón.

Los niños tienen esa dulce inocencia que todo maestro debe recuperar. Entonces, ¿qué tienen que ver los niños con Cristo? Él dijo sencillamente: “¿Por qué los apartáis? Eso es como el reino de los cielos, y de la única forma que entraréis al reino de los cielos, a la vida grandiosa, es cuando os podáis convertir en uno de ellos”. ¿Qué significa eso? Significa que ellos son sólo niños. No tienen relaciones sexuales. No tienen enfermedades que hayan creado. No tienen victimismo. No tienen sufrimiento, y no saben que no están a la moda hasta que alguien se los dice. Son sólo niños. Es hermoso.

Eso es muy inusual, y más si se tiene en cuenta la escasa conciencia de aquella época, pero es lo que se necesita para ser un Dios, un Cristo que puede arriesgarlo todo y decir: “Yo sé que no me creéis. Sé que no creéis nada de lo que he dicho. Sé que todas las cosas que he dicho han desafiado vuestra casa, han desafiado vuestros cuerpos, han desafiado vuestras creencias. Sé que no me creéis y que vais a crucificarme porque soy un desafío. Os pongo nerviosos. Os causo problemas. No me podéis sacar de vuestra mente porque lo que os digo es realmente en defensa de vuestro Espíritu y no de vuestra conciencia cuerpo/mente. Sé que no os gusto. Sé que de verdad no os gusto. Tanto os disgusto que desearíais matarme, destruirme, libraros de mí. Sé todo eso, pero de todas maneras estoy dando el mensaje. Sé que mi vida está en peligro, y la única manera en que me vais a silenciar es matándome. Pero os diré esto: lo que he dicho, lo he dicho teniendo a mi Espíritu Santo y a mi Dios como testigos. Y os he enseñado lo que nadie os enseñaría. Un día llegaréis a la luz y vais a conocer la verdad, y vais a desear endemoniadamente haber escuchado”. Eso es lo que les dijo. Y también les dijo: “Podéis destruir mi cuerpo, pero yo lo resucitaré en un abrir y cerrar de ojos. Entonces tendréis un enemigo para siempre jamás. ¿Y quién es vuestro enemigo? Vuestra culpa, vuestra carencia, vuestra ignorancia y vuestros propios prejuicios”.

¿Qué enseñó Yeshua? Que él es el hijo de Dios, y en verdad lo es. Pero al mismo tiempo proclamó abiertamente que cada uno es también un hijo de Dios. Él no enseñó otra cosa más que eso. Cada uno es Dios expresando su perfección como hombre. ¿Y qué bien le haría al Padre tener tantos hijos imbéciles y sólo uno que es perfecto? No sería un buen reflejo de la semilla del Padre.

Jesús es nuestro hermano, no el salvador. Él fue un hombre que llevaba a Dios dentro de su ser, igual que tú lo llevas dentro del tuyo. Jesús vivió en este plano en un tiempo en donde el hombre no amaba al hombre, sino que lo esclavizaba, y el amor no se consideraba cosa de gran estima. Pero Jesús fue un ejemplo de amor para todo el mundo. Fue ese mismo amor lo que fomentó que lo aclamaran “salvador del mundo”, porque él trajo amor a este plano donde muy pocos lo expresaban, y lo dio abiertamente a cada uno. Él trajo también la enseñanza de que el Padre no es un Dios de enjuiciamiento y castigo, sino un Dios de misericordia, gracia y compasión, y amante de todas las cosas. Desafortunadamente, ese entendimiento ha sido enormemente alterado a lo largo de la historia, y más que todo por medio de las escrituras de aquellos que menos entendieron las enseñanzas sencillas de esta alma inmaculada.

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Jesús (Yeshua) amó. Ese fue su grandioso y magnífico regalo a la humanidad. Él proclamó abiertamente que la fuente de ese amor era el Padre que vivía dentro de él, el mismo Padre que vivía dentro de toda la gente. Lo que le dio a Jesús la libertad y el poder de abrazar a toda la humanidad fue saber que el Padre y él eran uno y el mismo. Él apartó todas las ilusiones que le hacían vivir en la hipocresía, y al hacerlo, expresó completamente al Padre que vivía dentro de él. Así, Jesús se convirtió en un Cristo: el hombre expresándose totalmente como Dios; Dios expresándose completamente en el hombre. Eso es lo que el término “Cristo” quiere decir: Dios-hombre, hombre-Dios. Un Cristo es todo aquel que se da cuenta de que es Dios, y entonces vive esa verdad.

La única diferencia entre Jesús y nosotros, es que Jesús entendió el principio de Dios dentro del hombre, y entonces vivió ese principio plenamente. Por eso, él es verdaderamente una gran entidad. Pero todos somos también una gran entidad, y poseemos la misma nobleza y el mismo amor para llegar a ser lo que él fue.

Jesús no es responsable de salvarte a ti ni a nadie. Al darse cuenta de que él era un Dios vivo en la Tierra, se convirtió en el salvador de sí mismo, y entonces enseñó a otros cómo ser sus propios salvadores a través del Dios que vive dentro de cada uno. Él enseñó a todos: “Lo que yo he hecho todos podéis hacerlo, porque el Padre y vosotros sois uno. Tu reino no es de este mundo, el reino de los cielos está dentro de ti”. Y él no habló del infierno; él habló de la vida y su belleza.

Amados hermanos, ama a este hermoso ser que eres, al Dios que tú eres, y deja de leer tu libro insidioso. Acepta que el Padre vive dentro de ti, y que tú vivirás para siempre, porque así será. Simplemente es así. Y además, ¿qué haría el diablo contigo una vez te tuviera?

¿Qué fue lo que hizo posible que Jesús se convirtiera en el Cristo?

Cuando Yeshua ben Joseph (Jesús) se convirtió en el Cristo, estaba viviendo en un flujo de tiempo, en el escalón que se corresponde con el séptimo nivel. Su cuerpo se componía de todas las partículas de este flujo de tiempo (primer nivel). Ahora, su conciencia y su mente pasaron el resto de su vida acelerando su mente, subiendo por esta escala hasta llegar a la cúspide (séptimo plano). De modo que fue capaz de producir la mente que fluye en este reino (séptimo plano) y la conciencia que fluye en éste (sexto plano). Fue capaz de llevar esa conciencia hasta su cerebro tridimensional. Así que en lugar de pensar como una persona tridimensional, él pensaba como un Dios de seis dimensiones.

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Jesús dio, dio, dio… Saber lo que es el amor es abrirse y dar. Es como derribar el embalse y dejar salir el agua que está retenida en la represa; es un dar de conciencia. Cuando aprendas a amarte a ti mismo, aprenderás a amarte de este modo. No te darás objetos, sino libertad. Dejarás de juzgarte en cuanto a si eres un éxito o un fracaso. Dejarás de sentirte culpable sobre el pasado, porque nunca tendrás un futuro mientras estés anclado a la culpa. Renunciarás a tus enemigos porque, cuando lo hagas, ellos renunciarán ti. Eso es amarte a ti mismo; y en Jesús esa fue una de sus glorias cardinales. Se necesita demasiada energía para tener un enemigo y mantenerlo siempre presente en la mente.

Volvamos al punto de qué fue lo que hizo posible que Jesús (Yeshua ben Joseph) se convirtiera en el Cristo… ¿Qué procesos ocurrieron en su fuero interno, para que aún estando en su cuerpo físico se activara en él su cuerpo de luz?

El Maestro Ramtha (El Iluminado) en su libro “Guía del Iniciado” nos aclara lo que se refiere a este dilema, en la cita que hace en el Capítulo VI, sobre la Resurrección de Cristo y los Siete Niveles de Conciencia.

Todo ser humano tiene siete (7) cuerpos que están envueltos en el cuerpo físico, y brillan en lo que se llama el campo áurico que se extiende hasta las puntas de los dedos. Los siete cuerpos están envueltos dentro de la materia bruta que compone la encarnación física que se tiene ahora. Durante diez millones y medio de años ese cuerpo ha estado viviendo en una línea de tiempo, y hace 455.000 años tuvimos un cambio brusco en esto (el cerebro) y solamente lo desarrollamos hace unos 40.000 años. De modo que todos los cuerpos han estado en una rueda de encarnaciones que nunca ha avanzado más allá del tercer nivel.

Imagen relacionadaAhora, ¿qué significa eso? Que en cada vida, hemos tenido en su totalidad dentro de nosotros cuatro cuerpos radiantes. Al morir estamos en el tercer cuerpo, y envueltos en el cuerpo de luz hay otros cuatro cuerpos, otras cuatro frecuencias. Ir a la luz (cuando se deja el cuerpo físico) no es el final de la historia; es solamente un lugar familiar. Pero envueltos dentro del cuerpo de luz radiante hay otros cuatro cuerpos que tienen acceso a niveles de tiempo diferentes. Ellos son el vehículo para llegar allí. ¿Se comprende?

En una vida pasada no llegastes más lejos que hasta la luz. Allí, antes de regresar a esta encarnación, repasaste tu última vida. El repaso tuvo lugar en tu cuerpo de luz. Éste repaso, desplegó toda la energía, y te dio una pantalla viva (holograma) para que vieras lo que hicistes, quién fuistes, lo que lograstes, cómo evolucionastes, y en qué no evolucionastes (¿?).

Simplemente se desenrolló la energía y se le permitió a la entidad desencarnada ejecutar el programa. Entonces, después de decidir regresar aquí, esa entidad estaba pensando con un cuerpo de luz, no con uno humano. Pero todavía se tenía el conocimiento de que podrías haber hecho mejor las cosas con el cuerpo físico.

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¿No te parece interesante que las entidades que van a la luz hablan de cómo vieron su vida y la observaron con un juicio cognitivo? Ellos no tenían este cerebro. ¿Cómo pudieron formarse una opinión sobre lo que vieron? Porque sí tenían un cerebro. ¿Y cuál era ese cerebro? No era este tejido gris de aquí arriba (neocorteza), sino un cerebro igual al cuerpo que estaban habitando.

Cuando mueres, inmediatamente vas al infrarrojo (o astral). Es el reino psíquico. Desde ahí aparece un haz de luz, bajas por él, y realmente te mueves desde el extremo inferior hasta el extremo superior del infrarrojo. Entonces llegas a la luz. ¿Quién es la luz? Tú. Es allí donde ves todo.

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Mientras estás tomando una decisión en cuanto a tu vida física, hay otras cuatro vidas potenciales o cuerpos que están envueltos en la luz. Pero tú sigues aceptando regresar a éste. ¿Se entiende?

De modo que nunca has cambiado esos otros cuatro cuerpos (sellos superiores). Están escondidos. Siempre cambiamos el cuerpo de luz, porque es muy semejante al que ocupas en este momento, excepto que es más joven y más saludable. ¿Por qué es semejante al cuerpo que tienes hoy? Porque el que tienes hoy no sería como es a menos que tuviera un Campo de Luz a su alrededor que le proporcionara la mente para ser así. De modo que siempre estamos reciclando el cuerpo de luz, el infrarrojo y el físico (plano hertziano), pero aún nos falta utilizar los cuerpos escondidos de los cuatro cuerpos superiores. Presta atención, porque es mucho conocimiento el que se te va a revelar…

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Todos estos cuerpos están dentro de ti y a tu alrededor. Mira tu mano y piensa en el campo atómico que discutimos antes. Piensa en esto. El campo irradiado por un átomo individual es igual al campo irradiado por cada uno de esos cuerpos. En otras palabras, cada átomo de tu mano es el compuesto de siete niveles de tiempo. ¿Entiendes? Así que la mano es el producto de siete niveles condensados en esto (materia física). Pero ¿qué tal si pudiéramos desafiar esa realidad? ¿Qué tal si desafiáramos el aspecto que tiene nuestro cuerpo y lo viéramos de otra forma? ¿Sería posible hacerlo? ¿Estás de acuerdo? Por supuesto que lo es. Verás, la mecánica cuántica no dice: “Esto funciona para los electrones, pero no para ti”. El campo que rodea tu cuerpo tiene dentro de sí los siete cuerpos que están escondidos dentro de tu propio tejido (ver imagen adjunta) . Cuando éste muere, se desprende de un cuerpo al principio; ese cuerpo es el infrarrojo. Pero dentro del infrarrojo están contenidos todos los otros cuerpos, y continúas desprendiéndolos por capas. ¿Lo Comprendes?

¿Qué tiene que ver esto, esto, esto y esto (los cuatro cuerpos superiores) con la transformación de Yeshua ben Joseph (Jesús) en un Cristo? Él tenía que probar que estaba entrando en el reino superior de Dios, y lo había probado de todas las maneras posibles con todos los milagros que hizo y las enseñanzas que impartió. Pero había una sola cosa que aterrorizaba a todos los hombres en sus corazones: la muerte. Los judíos helenistas de la época eran los únicos que creían en la reencarnación. Los judíos de Abraham no lo creían. Ellos creían en el infierno, que era un aspecto aterrador, y que simplemente significaba una tumba profunda en la cual serían desmembrados.

Jesús tuvo que mostrarle a una cultura anclada en creencias erradas, qué había vida después de la muerte. Y la forma como tuvo que hacerlo fue sacrificando su propia vida. Tuvo que desprender esta conciencia de aquí (primer sello-hertziano) y esta de aquí (segundo sello-infrarrojo). Y tuvo que permitir que el cuerpo muriera, y recorrer todo el camino desplegando todos los cuerpos hasta llegar aquí (séptimo sello-infinito desconocido) y decir: “Mi Padre y yo somos uno”. Él es diciendo: “Mi mente ya no es de la casa de David en estos tiempos terribles. Mi mente es mi Padre interior”; que es esta mente, la mente primigenia. Y tuvo que desprenderse de cada uno de esos cuerpos, incluso el de luz.

No lo podía mantener, tenía que quitarse el cuerpo de luz para manifestar el Cuerpo Azul. Tenía que quitarse el Cuerpo Azul que es Shiva, para manifestar el cuerpo dorado. Tenía que quitarse el cuerpo dorado y llegar hasta el rosado, y de ahí tenía que pasar a lo Infinito Desconocido. Y sólo cuando hizo esto llegó a ser incorruptible.

Fue a partir de este estado (séptimo plano-infinito desconocido) desde donde Jesús resucitó su cuerpo y le dio vida. Le dio vida eterna. En otras palabras, su cuerpo físico estaba vibrando casi a la frecuencia de la luz. Y él lo mantuvo a un nivel bajo solamente para poder interactuar con la gente y entregarle una última enseñanza. ¿Por qué radiaba su cuerpo de una forma tan rápida? Porque es allí donde estaba su conciencia. Dios era ahora hombre.

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El levantó su cuerpo y reconstruyó su masa física, pero lo hizo desde el lugar de Dios, de modo que estaba vibrando muy rápidamente. Y cuando partió, ¿adónde se fue? Simplemente siguió aumentando su frecuencia. En otras palabras, empezó a girar sus átomos y el giro se colapso hacia dentro, al interior del núcleo y empezó a girar. Y todo el tiempo —todo el tiempo— mientras hacía esto, el giro permitió que cada una de sus partículas fuera al espacio libre. De modo que estaba desenvolviendo los siete cuerpos. Y cuando desapareció, lo hizo en la luz.

Ahora, fue sólo entonces que lo llamaron el Cristo, el Resucitado. Esa fue su última prueba. Esto significó que su conciencia tuvo que ser una con la luz de forma tan absoluta que ni siquiera la muerte pudo desafiar esa mente. Y por eso existe ahora un gran mito, una leyenda y una religión alrededor de esta entidad. Pero lo que nunca te han contado es que no es Jesús quien va a salvar tu vida, sino que él fue un maestro que demostró el poder de Dios en el hombre, y que si alguien tenía los ojos para verlo, lo comprendería. Y si alguien tenía los oídos para escuchar, se le ofrecía el mensaje, y tenía que ser lo suficientemente simple para comprender la transmutación del espíritu humano hacia la eternidad. Y eso se demostró. Y no solamente con él, sino que se demostró en cada cultura a través de los eones, porque la gente olvida con mucha rapidez.

¿Entonces qué tenemos ahora? Tenemos una religión basada en que Jesús es el único hijo de Dios, lo cual no tiene sentido porque todos son hijos e hijas de Dios. Él no es el único. Y no te puede salvar. Si pudiera, lo habría hecho en el primer siglo (hace dos mil años). ¿Comprendes? Pero este es su mensaje. ¿Y por qué él no les enseñó esto a sus discípulos? Porque eran hombres simples. Eran pescadores, cobradores de impuestos; eran gente como tú. ¿Cómo podía enseñarles esto? No podía. Todo lo que pudo hacer fue enseñarles mediante parábolas y acciones. Y él dijo: “Cree. Si tu ojo te miente, arráncalo. Si tú crees y tu brazo se vuelve contra ti, córtalo”. Eso era una analogía para decir: no importa lo que tu cuerpo físico haga, no es la verdad. ¿Comprendes?

Fuente:

“Guía del Iniciado para crear la Realidad”, Ramtha (El Iluminado)

“Jesús, El Cristo y el Maestro”, Ramtha (El Iluminado)

Jose Agapito Ramírez Montes (12/04/2018)

Imagen Google: Jesus, El-Cristo y el Maestro

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