LIBRE ALBEDRÍO

La sola pronunciación de la palabra “libre albedrío” connota “libertad”, y no es que se necesite ser muy ducho en gramática o en buscar la raíz etimológica de lo que ella significa y define…

Sin embargo, son innumerables los alegatos que se han escrito, desde tiempos antiguos, sobre lo relacionado con el libre albedrío.  ¿Pero quién es el dueño de la verdad en esta cuestión? A todas estas, es dable preguntarse lo siguiente: ¿Por qué en los antiguos textos sánscritos se nos dice que el libre albedrío es un enigma, un desconcertante misterio velado para la mayoría de los occidentales?

Veamos ahora desde un sencillo ejercicio lo que es y significa el “libre albedrío”. Bien, sin necesidad de buscar ningún atajo metafísico, lingüístico o filosófico para definir e interpretar lo que esta palabra encarna, solo voy a referirme a ella como el poder y la libre elección que tiene cada individuo de decidir por “sí mismo” lo que mejor le parezca; es decir, nada ni nadie debe decidir por nada ni por nadie.

En este sentido, habría que preguntarse lo siguiente: ¿De qué vale encarnar en este o en cualquier otro mundo de este universo sin que en nosotros no existiese la libertad para ejercer a plenitud el libre albedrío? No les parece que no tendría ningún sentido si Dios o bien sea El Creador, La Conciencia Suprema, o como quiera llamársele, nos hubiese creado a su imagen y semejanza sin tener en nosotros, como la viva expresión de su descendencia, ¿la libertad y el pleno goce y pleno ejercicio del libre albedrío? Es un contrasentido no gozar a plenitud y a mi parecer y en el buen juicio, de libertades plenas (¿?)

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¿De quién provino tal poder o acción? Dios le dio a cada ser humano el poder de crear de forma única e indivisa y mediante el pensamiento que él ES, la acción llamada “libre albedrío”. Que entre otras cosas es, el principio de la voluntad, para que fuéramos únicos y soberanos; para que pudiéramos ser los creadores de nuestra propia verdad y soberanos de nuestro propio entendimiento.

Y esa esencia divina llamada “libre albedrío” es el amor; es el regalo de amor que Dios da a cada uno de nosotros.

Cada uno de los que hacen vida física en este planeta tienen la divina esencia de la voluntad, para que así se tenga la libertad de crear en forma única cualquier ideal que se haya visualizado a través del pensamiento. El amor, en su forma suprema, es el deseo del Padre de permitir que la vida que él ES sea siempre continua a través de cada uno de nosotros. La forma más pura de amor es la voluntad libre que el Padre dio a cada uno, para que a través del ejercicio de esa voluntad se pudiera explorar las dimensiones del pensamiento y extenderla hasta una grandeza mayor, y así extender la mente de Dios. El libre albedrío te da la singularidad —y a la vez una unidad con el Padre— que permite a tus procesos de pensamiento tener su propio flujo creativo.

Desde el ilustre momento de cada nacimiento, el Padre, a través de su amor puro e incondicional, hizo este pacto con cada uno de sus hijos: el Padre se convertirá en todo aquello que pienses, y todo aquello que desees. A través de este pacto —que aún existe y siempre existirá— cada uno de sus hijos se convirtió en el heredero de la totalidad de lo que el Padre ES. Por eso, el Padre siempre te ha dado todo lo que él ha llegado a ser, para que puedas entender y experimentar la totalidad de la vida que él ES. Él ES la base de la culminación de nuestros sueños. Pero ¿quién fabrica los sueños? Tú.

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¿Quién puso las luces en los cielos? ¿Quién diseñó el encanto de las flores y la magnificencia de los árboles? ¿Y quién creó el enigma y la maravilla llamada hombre? No fue Dios, la totalidad de la vida. Fuimos nosotros, los dioses, los maravillosos hijos de un Padre amante de todo, quienes creamos todo lo que existe. Todo. El Padre es la sustancia, la masa de pensamiento de la cual vienen todas las cosas. Pero nosotros, que poseemos la capacidad de pensar y la capacidad de sentir, y la divina esencia del libre albedrío, somos los supremos creadores en la vida.

Para que Dios fuera una entidad única, extendiéndose siempre a través de nuestros pensamientos contemplativos, fue necesario dar a cada uno de nosotros el poder de crear de forma única mediante el pensamiento que él ES. Y Él hizo esto al darnos la acción llamada libre albedrío. El principio de la voluntad fue dado a cada uno de nosotros para que fuéramos únicos y soberanos; para que pudiésemos ser los creadores de nuestra propia verdad y soberanos de nuestro propio entendimiento.

Lo que nos da la esencia divina es la libertad de abrazar y experimentar cualquier pensamiento que se desee. Y esa esencia divina llamada libre albedrío es el amor; es el regalo de amor que Dios da a cada uno de nosotros. Cada uno de nosotros tiene la divina esencia de la voluntad, para que así tengámos la libertad de crear en forma única cualquier ideal que hayamos visualizado a través del pensamiento.

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La Conciencia Suprema mirando desde el cielo

¿Sabes lo que pasaría si Dios pudiera mirar hacia abajo y decir: «Esto es perverso»? La totalidad de esa conciencia que está expresando algo que necesita expresar, finalizaría y sería extirpada de la fuerza vital. Y si eso pasara, entonces la vida y su expansión siempre continua cesarían de existir, ya que el libre albedrío, que permite la creación, dejaría de existir. Pero Dios es totalmente ilimitado, una totalidad indivisa del Ser. Por lo tanto, Dios no puede mirarse a sí mismo desde una perspectiva limitada y restrictiva. Si pudiera hacerlo, tú ni siquiera estarías aquí para poder expresar tu opción de juzgarte a ti mismo o a tus hermanos.

El Padre es la sustancia, la masa de pensamiento de la cual vienen todas las cosas. Pero nosotros, que poseemos la capacidad de pensar y la capacidad de sentir, y la divina esencia del Padre, somos los supremos creadores en la vida.

Consultas: El Libro Blanco, Ramtha El Iluminado. TELOS 1 Revelaciones de la Nueva Lemuria, (Aurelia Louise Jones).

José Agapito Ramírez Montes

VibraCosmos

Soy un profesional de la ingeniería eléctrica con años de experiencia en la profesión, pero desde hace 23 años me dedico a escribir artículos sobre tópicos de índole espiritual, etérico, dimensional y cósmico. Mis artículos no están circunscritos a lo que está determinado en esta tercera dimensión (polaridad, dualidad, positivo-negativo, etc), sino que va más allá de lo tridimensional y trasciende en mucho lo que tenga que ver con la cuarta, quinta, sexta y séptima dimensión. Me considero un investigador nato de lo desconocido. Eso, sí, siempre apegado a la "verdad".

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