Jesús habla sobre la Biblia desde un remoto pueblo de las Cumbres Himalayas

He aquí una leyenda que esconde un sentido espiritual profundo. Más tarde sería evidente que los significados de esas leyendas tienen un carácter permanente y de gran trascendencia. Tales citas fueron relatadas por Jesús El Cristo, cuando intervino a requerimiento del escritor norteamericano Gordon Weldon, quien en ese momento y en compañía de un Rishi, formaban parte de un grupo de expedicionarios buscadores de la verdad, por allá entre los años 1894-1897, desde un remoto y bello pueblo de la India, Muktinath, ubicado en las inmediaciones de las altas cumbres Himalayas cercanas al Tíbet.  

Jesús El Cristo, en su cuerpo invisible o visible (cuerpo sutil o cuerpo físico) ha visitado (y visita) con relativa frecuencia muchos pueblos de las altas montañas de la cordillera de los Himalayas. Estos pueblos en las cercanías de las cordilleras de los Himalayas en las que se aloja el Everest, la montaña más alta del planeta, y cuyas temperaturas bajan a más de 45 grados bajo cero, bañan en toda su extensión a Bután, Nepal, China (Gobi-Mongolia) e India.  

Jesús citaba la difícil tarea, que desde el Altísimo se le encomendó a Él (como El Cristo-Dios), y la titánica lucha y el buen desempeño que él hizo, a más no poder, para dar a entender e imponer en aquellos tiempos la connatural divinidad propia e inherente, en todos los seres humanos por igual.

Esto es parte del relato que Jesús les trasmitió al grupo… Constatáis que los hijos de Dios mueren por todos lados, y que ningún miembro de vuestra generación ha realizado un ideal de vida eterna, de paz, armonía y perfección, que el Yo idealiza. Entonces pensáis que el logro sólo puede seguir a la muerte, y os abandonáis, estimando más cómodo dejaros arrastrar por la corriente descendiente de la marea humana”.

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Jesus en su cuerpo de luz

“De ello resulta un paso atrás de la conciencia racial. De nuevo un hombre dotado de gran inteligencia y comprensión espiritual ha fallado cuando hubiera podido lograrlo. La conciencia de la raza ha encerrado a la humanidad en un nuevo lazo, más poderoso y más tenaz, de generación en generación. ¿Qué hay de sorprendente en que la naturaleza humana desfallezca y devenga frágil? Cada uno sigue el ejemplo del otro en el eterno molino de la disciplina. Los ciegos siguen a los ciegos, y todos se sumirán paso a paso en el olvido, en el gran torbellino donde no solamente el cuerpo se disgrega y disuelve, sino donde el alma es triturada entre las implacables muelas de la percepción y las faltas humanas”.

“Comprended como yo y tantos otros, que es más fácil resolver vuestro problema en una sola experiencia terrestre que acumular indefinidamente una conciencia racial de bien y de mal. Esta se acaba por unir a una concha llena de costras, que las experiencia sucesivas espesan capa a capa. Al final son necesarios esfuerzos sobrehumanos y un martillo de forjador para romperlas y liberar el Yo verdadero”.

“Mientras no hayáis quebrado esa concha, continuaréis metidos en el mismo torbellino. Por vuestros propios esfuerzos podéis liberaros lo suficiente para echar una mirada sobre el ‘gran horizonte’. Ahí aún abandonáis generalmente la lucha después de los primeros resultados. Vuestra visión mental está clarificada, pero vuestro cuerpo queda prisionero de su concha. Considerad a un pichón recién nacido que ha asomado la cabeza fuera del huevo. Es necesario que continúe su lucha y se libere totalmente de su vieja cáscara antes de poder crecer en su nuevo entorno, que percibe por medio de sus sentidos desde la abertura de su primer agujero”

“¿Es esta una vida para el hombre nacido de Dios, pasando una corta existencia siempre machacado entre las muelas de las leyes, supersticiones y convenciones establecidas por los hombres? ¿Y de batallar durante setenta años para ganar el cielo y la gloriosa recompensa de la música de las arpas y el canto de los salmos? Nada de todo esto tiene existencia lógica, excepto en los cerebros fáciles de embaucar de los desgraciados, en los cuales se engordaba la clerecía de mi tiempo”.

“No advertís en absoluto que, desde mi infancia, cuando trabajaba con mi padre en su carpintería, he notado que había una vida superior. Después de ese gran despertar, después de esta realización interior, me fueron necesarios largos días y largas noches de luchas en el silencio y el aislamiento, en el corazón de mi ser íntimo, para vencer mi egoísmo. Habéis sido absolutamente incapaces de comprender que después de esta prueba me fue necesario pasar la experiencia más grave y más amarga del contacto personal con aquellos que yo amaba, y a quienes quería mostrar la luz que había percibido. Yo sabía que esta luz, tan brillante, ilumina el camino de todo hijo de Dios que viene al mundo.”

“Aún no os dais cuenta de que fui asaltado por la gran tentación de continuar siendo carpintero y vivir la corta vida señalada a los hombres por las autoridades y la ortodoxia, en lugar de abordar la vida espiritual. Yo no había percibido ésta más que por destellos que me hacían ver a través del pantano de la superstición, la discordia y la incredulidad”.

“Sois completamente ignorantes de la angustia corporal y los insultos ignominiosos que mi propia familia acumuló sobre mí, independientemente de las mezquindades de aquellos a quienes me esforzaba en mostrar la luz. No habéis comprendido que para franquear esas pruebas me era necesario estar sostenido por una voluntad más fuerte que la mía. No podéis conocer más que una ínfima parte de los avatares, tentaciones y desfallecimientos que me asaltaron. No imagináis la manera en que continué luchando, en ciertos momentos, con los puños crispados y los dientes apretados, sabiendo que la luz estaba ahí”.

La ruta de Jesús en su peregrinacion a la India (Siria-Iraq-Persia-Afganistán-India)

“Por lo tanto, parecía subsistir un destello vacilante, a veces extinguido por una sombra. Aún entonces yo guardaba una fuerte convicción interior, el sentimiento que detrás de la sombra la luz brillaba siempre muy vivamente. Proseguí mi camino, rechacé las sombras y descubrí que la luz brillaba más después de su oscurecimiento temporal. Aun cuando la sombra fue la de la cruz, pude distinguir más allá de ella el despertar definitivo de una mañana triunfal, todavía incomprensible para los hombres inmersos en preocupaciones, dudas y supersticiones”.

Fue la misma fuerza de esta percepción que me determinó a apurar la copa hasta el final, a fin de conocer por experiencia y contacto efectivo las cosas de las que yo hablaba, es decir, que el hombre puede probar por sí mismo la libertad de su pensamiento y la pureza de sus móviles asociados al libre albedrío de Dios, que Dios es Divino y que el hombre, su verdadero hijo, nacido a su imagen y semejanza, lo es igualmente.

“Esta divinidad es el verdadero Cristo que cada uno percibe y posee en sí mismo” “Este verdadero Cristo es la luz que ilumina a cada hijo que viene al mundo. Es el Cristo de Dios, nuestro Padre, en quién y por quien tenemos la vida eterna, la luz, el amor, la fraternidad. Es por él que Dios y el hombre son Padre e Hijo”. “A la luz de esta verdadera inteligencia, es decir, de la verdad, no se tiene necesidad de un rey, de una reina, de una corona, de un papa, ni de un sacerdote. Vosotros estáis solos con Dios. Ampliad esta verdadera percepción del Universo entero de las formas manifestadas. Con las facultades creadoras que Dios os ha dado podéis rodear estas formas de la perfección que Dios ha concebido para ellas y a las que él mismo rodea”. (Fin de la cita)

Fuente: “Relatos de Maestros del Lejano Oriente”,  B.T. Spalding

¡Que así sea! ¡Por la vida!

Jose Agapito Ramírez Montes,

Madrid 31/05/2019

Imagen Google: https://thumbs.dreamstime.com/z/templo-de-sun-capilla-budista-en-el-himalaya-30106120.jpg

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