Jesús: Como hijo del hombre soy frágil, pero como hijo de Dios soy eterno

Escribir sobre Jesús no es que se tenga que escribir necesariamente sobre la crueldad de su flagelación y crucifixión, y menos aún sobre la barbarie y los aterradores momentos del viacrucis que padeció. Y no es que no se deba condenar y no se le deba dar la importancia, a la inhumana y dura ley imperial del momento histórico de la época, en la que gentiles y romanos por mutuo asentimiento, no vacilaron en condenar y aplicar por vía expedita la muerte por flagelación y crucifixión, a tan noble ser humano; condenado por el simple hecho de defender la Verdad, y por no aceptar el perdon ni dejarse chantajear y someter, a la requisitoria decretada por ley, del estatus quo imperial romano. 

Ahora veamos desde la opinión del Maestro Ascendido Ramtha (El Iluminado), lo que significaba Jesus como cualquier ser humano normal, y lo que como hombre de Dios lo era en lo espiritual…

Lo que es tan hermoso acerca de Jesús (Yeshua ben José) es que, aún en leyendas fue glorificado como un maestro grandioso, poderoso, sabio y amoroso. Su mensaje, considerado original en su tiempo, es un mensaje original que ciertamente fue suyo. “El reino de los cielos está adentro, y yo soy tanto el hijo del hombre como el hijo de Dios. Como hijo del hombre soy frágil, soy presa de la tentación, estoy atemorizado, soy inseguro, pero como hijo de Dios pertenezco a la eternidad. Y no hay nada que me podáis hacer que mi padre en los cielos no haya aprobado.”

Eso nos encanta; nos hace llorar por dentro. Y nos acercamos a él porque pensamos que, si lo adoramos, esa grandeza y esa vida divina e impecable, se nos van a contagiar de algún modo. Por eso lloramos cuando escuchamos la historia de Jesús, un hombre grandioso que era el legítimo heredero del trono de Judea.

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Procedía de una casa real, y su trabajo fue la transmutación de ser el hijo del hombre a ser el hijo de Dios. Ese fue su trabajo, pero él tenía pasión por ello. En ese sentido, cabe preguntarse ¿cuál es la mística de Cristo? Cristo significa el Cristo, saber. Lo que eso significa es que él sabía algo. Lo sabía y lo vivió.

Muchas personas pueden saber cosas filosóficamente, teóricamente, pero no las viven. Por algún motivo, se separan de su propio saber. Viven en una especie de psicosis, en un área de su mente en la cual saben, pero nunca viven su saber pues, por alguna razón, el vivir está separado de su saber. Escucharás a personas que dicen – y yo te he escuchado a tí decirlo-: “Dentro de mí lo sé muy bien. Sé cuál es la verdad, pero no la vivo.” ¿Por qué? ¿Hay acaso algún elemento en tí que diga que la verdad ya es una verdad si se acepta y entonces eso no te deja vivir aquello que sabes? Qué concepto tan interesante. ¿Por qué sabes tanto y lo vives tan poco?

Entonces, ¡es la parte de tu vida que conlleva acción la que es interesante! Yo te lo diré: tu imagen y tu cuerpo son lo que es interesante para tí, y de alguna manera, aquí en esta pequeña caja tienes el gran saber que al parecer adoras, pero en el que nunca te has tenido que convertir. La razón por lo que amas a Cristo es porque Cristo se jugó el todo por el todo. Fue un hombre que lo arriesgó todo y estuvo dispuesto a vivir su verdad de tal manera que la idea de ser el hijo del hombre se volvió espantosa para él, pues se dio cuenta de que los hijos y las hijas de los hombres y las mujeres viven la vida, pero los hijos y las hijas de Dios se abstienen de hacerlo.

Lo amamos porque fue un hombre valiente. Lo idolatramos porque él hizo lo que nosotros no pudimos hacer, lo que hubiéramos deseado poder hacer, pero que la mayoría de la gente nunca hizo, porque su mayor temor es la muerte. El mayor temor es la muerte, y eso puede ser la muerte de una imagen, la muerte de una relación, la muerte de una familia, la pérdida de un apoyo económico. La muerte es una cosa temible: la pérdida de la juventud, la pérdida de la belleza, la pérdida de las extremidades. Y si tú tomas todo eso y buscas cuál es el común denominador, encontrarás que es la pérdida, es la muerte.

Entonces, ¿cuánto más grandioso que tú pudo haber sido Cristo? Él fue una entidad que lo arriesgó todo, todo. Cuando alguien, como Poncio Pilatos, te dice: “te perdonaré la vida si te retractas”, tú recapacitas. “Lo único que tengo que hacer es decir lo siento, lo único que tengo que hacer es declararme ignorante, y si lo hago, entonces salvaré mi vida.” Pero una gran mente como la de un Cristo sabe que una vez que prostituimos la verdad por las sutilezas de la vida, ya estamos muertos.

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El primer mensaje que Ramtha le trasmitió a sus alumnos de la escuela Conciencia-Energía es que todos somos Dios, y que el Cristo es tu oportunidad, pero tú haces surgir de la nada una especie de terror espantoso. Podría tratarse simplemente de dominar esta parte tan importante de tu vida, tu imagen, tu cuerpo; un Cristo podría ser simplemente incorporar esa hermosa verdad en una luz viviente. Podría ser así de fácil. ¿qué tan fácil es eso? Bueno, podría ser tan fácil como decir: “¿Qué tengo que perder? Tal vez lo gane todo. ¿Qué puedo perder al cambiar? ¿Qué puedo perder si renuncio a la ilusión de este mundo? ¡Qué puedo perder si renuncio a mi ignorancia superficial! Tal vez lo que gane sea conocimiento y libertad.” Pero luego tu mente se pone a trabajar y dices “Sí, pero si renuncias a eso, atente a las consecuencias.” Ahora sabemos por qué los Cristos fueron tan escasos, porque renunciaron a todo. Cuando estás dispuesto a morir por lo que sabes, es el momento en que verdaderamente estás más vivo.

El objeto de la enseñanza fue decir que nadie necesita adorar una idea o un sueño mental nunca más. El Cristo no es un ídolo al que adorar, sino un ideal al cual amar y admirar y en el cual inspirarse. El ideal elegido que nos hará ver la verdadera realidad.

El ser más grandioso que vive en tí es aquel que es el hijo o la hija del Dios viviente. ¿Quién es el Dios viviente? Tu Espíritu Santo. Es realmente el aspecto fundamental que mantiene tu realidad en su lugar. Pero el problema con la maestría es que tú crees que cuando cambies vas a perder algo, y que así vas a perderte la vida. Tal vez has estado perdiéndotela desde un principio. Entonces, ¿qué dices de eso? Por un lado, están tu vida, tus amigos, tus enemigos, tus amantes, tus esposos, tus esposas, tus hijos, tus creencias, tu conocimiento, tu ignorancia, tus prejuicios, tus limitaciones, tus logros. Y, por otro lado, aquí mismo, está el mensaje de Dios, la vida grandiosa, la vida valiosa. Entonces, ¿cómo hacemos para unificar lo uno con lo otro? Casi nunca se unifican, porque la gente quiere adorar algo elevado filosóficamente, idealmente, pero nunca quiere vivirlo. ¿Por qué? Y voy a hacerte a tí esa pregunta: ¿Por qué querrías hacer eso?

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Meditación de Cristo, basada en una pintura vista en el Monasterio Himis en Tíbet por Swami Trigunatitananda

Jesús tuvo una esposa. Él sabía lo que era hacer el amor a una mujer y supo lo que era tener hijos. ¿Hizo esto que su mensaje cesara? Su mensaje se enriqueció. ¿No crees que él entendía a la gente? Sí. Entonces, ¿qué hizo él diferente a tí? ¿De qué estamos hablando aquí? Esto es lo que él hizo. La enseñanza más grandiosa que se haya dado fue la enseñanza del monte. A aquellos de su gente que querían saber cómo encontrar el reino de los cielos, les dijo, ama a tu prójimo como a ti mismo. Podríamos avanzar y explicar eso un poco más a fondo en el marco de este siglo veintiuno de relaciones sexuales abiertas. Podríamos también decir “ámate a tí mismo como te esfuerzas en amar a tu pareja”. Me encantó ese mensaje, y él no fue el primero que lo dijo. Todo aquel que era un maestro ya lo sabía. Y hubo muchos maestros grandiosos antes que Jesús, y hubo muchos después de él. No es un saber singular, sino un saber general.

¿Quién sufre en la vida? Te diré quién sufre en la vida. Nuestro Espíritu sufre porque preferimos nuestros cuerpos. Déjame explicar esto mejor. ¿Qué es el Espíritu? El Espíritu es la voz invisible, es el saber invisible, es nuestra grandeza no desarrollada.

Un maestro hace lo opuesto de lo que tú haces. Tú trabajas para desarrollar tu vida social; trabajas para desarrollar tu cuerpo; trabajas para desarrollar tu relación, tu belleza, tus avenencias. Incluso trabajas y te esfuerzas para desarrollar tu victimismo. Lo haces. Sabes que es verdad. Un maestro hace lo opuesto. La travesía de un maestro no consiste en desarrollar la psicosis de la vida física. La travesía de un maestro es desarrollar la vida espiritual. ¿Qué es la vida espiritual?

La vida espiritual es vivir una vida impecablemente, basada en aquello que se llama los conceptos más elevados de lo que somos. Y lo que somos trasciende los sexos, todos los sexos. Estamos hablando literalmente de una vida que realmente está dedicada a tomar ese saber y hacerlo vida. Eso es un maestro. Para un maestro no hay dos aspectos diferentes del Yo, lo espiritual y luego la imagen física. Un maestro toma y desarrolla lo espiritual enfrente del cuerpo.

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Budismo – Jesús de Nazaret

Las personas de conciencia cuerpo-mente dejan que su vida espiritual se muera literalmente de hambre, porque demasiadas veces su forma de conseguir compañeros, sexuales, su forma de convertirse en víctimas, se basa en una subyugación cuerpo-masa. Eso es lo físico. Ocurre en todas las esferas. Un ser espiritual, un maestro, persigue aquello que sabe.

La diferencia entre tú y Jesús es que Jesús sabía que él había nacido para ser Dios, así que su vida estuvo dedicada a ser el hijo de Dios, aunque nació de un hombre. Y cuando fue débil reconoció: “Es mi humanidad, no es el Padre que está dentro de mí. El Padre que está dentro de mí es la inteligencia que todo lo sabe y todo lo conoce”.

Nota: Ramtha imparte actualmente sus enseñanzas desde su cuerpo sutil, a través de una dama, Judy Z. Knight), a quien preparo hace 35000 años, para que en estos tiempos fungiera como canal de sus energías…

Extractos del libro: Jesús, El Cristo y el Maestro, Ramtha El Iluminado.

José Agapito Ramírez Montes

Madrid, 03/06/2019

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VibraCosmos

Soy un profesional de la ingeniería eléctrica con años de experiencia en la profesión, pero desde hace 23 años me dedico a escribir artículos sobre tópicos de índole espiritual, etérico, dimensional y cósmico. Mis artículos no están circunscritos a lo que está determinado en esta tercera dimensión (polaridad, dualidad, positivo-negativo, etc), sino que va más allá de lo tridimensional y trasciende en mucho lo que tenga que ver con la cuarta, quinta, sexta y séptima dimensión. Me considero un investigador nato de lo desconocido. Eso, sí, siempre apegado a la "verdad".

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