¿Quién es tu verdadero Padre?

Esta es la respuesta que le doy a una pregunta que le hice al familiar, Tomás Gerardo López… ¿Quién es tu verdadero Padre? Él me responde que sus verdaderos padres son sus biológicos: Celestino y Pamela. Y yo le respondo que la respuesta que da no es que no sea la correcta, sino que por haber algo más trascendente y desconocido, la respuesta, en este caso, no es la correcta. Y te preguntarás ¿Por qué no es la correcta? Bien, veamos por qué…

No me refiero, Tomas, a que tus padres biológicos, como tus legítimos progenitores no hayan sido y sean los que a las claras fueron el canal necesario para poder hacer posible tu nacimiento en este mundo; eso no se pone en duda. Pero el caso es que la pregunta que formulo, envuelve en su contenido algo que está más allá de lo que supones como no comprensible a simple vista; porque hay algo velado que está más y más atrás, que por lo general escapa a una fácil comprensión en el común de los seres humanos. Por tanto, ese algo que está más allá, amerita ser explicado y aclarado en detalles.

Tus padres biológicos ya cumplieron con el trabajo de servir como alojamiento o canal temporal, para que tu pudieras pasar 9 meses en ese alojamiento con el fin de nacer, crecer y poder desenvolverte luego, en un cuerpo físico, en este “mundo tridimensional”; donde priva sin más la materia, el tiempo y el espacio. Se me olvidaba comentarte que es por eso que somos tan supremamente agradecidos con aquellos padres que, en esta vida, hicieron posible el milagro de tu nacimiento, en esta encarnación.

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Tu existencia como entidad humana y como Tomas López, no está limitada a que sea ese el único nacimiento que haz de vivir en una sola vida…no, Tomás. Pues, hay algo más que escapa a una fácil comprensión de esta realidad. ¿Te has preguntado cuantas son las veces que has encarnado en un cuerpo físico? ¿Tienes idea de que no solo existe un nacimiento, sino miles o millones de nacimientos? Piensas que de lo que se trata es que solo ocurre un nacimiento y hasta ahí llegó todo… No, Tomás, no se trata de eso y aceptar de suerte y porrazo que después de esta vida ya no existe algo más, y ya no hay más nada, no Tomas, el cuento no es así…

Te sugiero que reformatees tu cerebro y hazle la pregunta a tu ser interno (tu divino niño), o al Alquimista, y/o al Señor Dios de tu Ser, sobre este asunto de carácter existencial y de lo que se esconde en su justa dimensión… Nunca te has formulado la pregunta para saber “¿quién eres?, ¿quién soy yo?, ¿de dónde vine?, ¿a dónde voy? ¿Lo has hecho?

Cuando formule la pregunta respecto a saber ¿quién es nuestro verdadero Padre?, me refería a Aquello a quien le debemos, desde eones, la génesis y el principio originario de tu verdadera razón de “ser” y existir. ¿Quién hizo posible que tu existieras como entidad humana, no ahora, sino desde hace miles de millones de años? ¿O te hace pensar que acaso también lo fueron, desde tiempos ha… Celestino y Pamela? No, Tomás. Hay algo más trascendente y profundo que, por lo general escapa, por ignorancia, a una fácil comprensión de que no solo se trata de nacer, envejecer y morir (¿?) Ten en cuenta que la ignorancia es la base de las falsas interpretaciones y de los errores conceptuales.

Hemos existido y seguiremos existiendo, Tomás, desde que el tiempo es tiempo hasta el siempre jamás, pero el caso es que estamos limitados o sujetos, en este mundo, a las variables que rigen esta realidad tridimensional compuesta de masa, tiempo y espacio; en ello aplica el axioma de lo que El Buda nos decía: envejecer, nacer y morir. Pero, el caso es que hay algo que está mucho más allá de esa ligera interpretación. Ya que tú, como entidad divina que lo eres, o lo somos, no tienes o no tenemos principio ni fin. Y existirás en este mundo sujeto al alfa y el omega, una y otra vez, hasta que logres al final de innumerables nacimientos, tropiezos y vicisitudes, llegar de nuevo a la fuente original de la cual partiste desde tiempos ha… ¿Cuál es esa fuente y de qué se trata?

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Valga decir, volverás a fundirte de nuevo con la Fuente Divina o con Aquello que hizo posible tu cuerpo de luz. Y con Aquello que hizo posible tu emerger y el génesis de tu creación como hombre, y como entidad infinita de la eternidad; sin principio ni fin. Tomás, eres, seremos y nunca dejaremos de ser, lo que en esencia Somos… ¡Somos Dios! A Dios no se le busca allá afuera en los cielos y bien lejos, tal como no los han hecho saber las variopintas religiones que pululan en el planeta. Dios, o el Divino Ship del Creador, lo tienes tú y lo tenemos todos, instalado y sin muchos misterios y recovecos, en el corazón de tu cuerpo físico; allí está instalado el principio del Amor, la Super Alma, Dios. No pierdas tu tiempo y pretendas buscarlo en otro lado, porque por ese camino nunca verás y conocerás la Gloria de Dios. Lo correcto y verdadero es buscar las respuestas en nuestro interior, porque es allí donde tiene su asiento y reposa el Absoluto Universal, Dios.

Nosotros, Tomás, sin hacer distinciones de razas, credos, lenguas, color de piel, rico o pobre, bueno o malo, masculino o femenino, emergimos todos, del Principio Divino; del Absoluto Universal; del UNO sin Segundo, y del Creador de todo lo conocido y desconocido. Y ese linaje que en esencia poseemos y de la cual somos acreedores y soberanos, nos da de pleno derecho disfrutar y tener los mismos atributos Divinos que el Padre ES, y de la cual somos y existimos a su imagen, esencia y semejanza. No hay ninguna diferencia entre lo que el Padre ES y lo que tú y todos nosotros, Somos. Recuerdas el dicho aquel que dice que, “hijo de tigre sale pintado”… Bien, a buen entendedor, pocas palabras… Si naciste de lo divino, en esencia eres igual que lo divino. ¿O no es así?

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Tú, en este nacimiento naciste como lo que biológicamente te transmitieron tus padres, a través de sus códigos genéticos y, por delegación, de las tendencias familiares cosechadas en muchas vidas, y eso, en parte, fue lo que te trasmitieron Pamela y Celestino. Pero recuerda que en este juego de la vida tu nacimiento no está sujeto a un solo nacimiento y ahí se acabó todo… No, no. Detrás tuyo vienes arrastrando millones de vidas, millones de padres, y millones de hermanos, amigos, enemigos, etc. Con millones y millones de experiencias, momentos faustos, felicidad, disfrute, gozos y contentos, pero también vienes arrastrando momentos aciagos, tropiezos, sufrimientos, penas y dolores; y desde luego, vienes arrastrando millones de nacimientos y millones de envejecimientos y muertes… Somos tan antiguos, tan antiguos, que no hay palabras para expresar lo inexpresable.

Corolario… ¡Eres Dios! ¡Y lo fuiste ayer, lo eres hoy y lo serás por siempre, siempre! Y ese Divino don de nacimiento, sin importar el alfa y el omega que rigen en este denso mundo físico tridimensional, más las limitaciones que nos imponen las variables de tiempo, masa y espacio, no serán óbice para hacer valer, la eternidad, de lo que en esencia eres hasta el siempre jamás. ¿Por qué es así? Por el sencillo hecho de que tú como entidad de la eternidad te debes solo a la eternidad. No hay en ti, Tomás, ni principio ni fin; eres y lo serás por siempre la personificación misma de la infinitud de lo infinito. Ese mote de Dios encarnado en ti lo llevaras consigo sin principio ni fin, hasta la eternidad. ¿Estás en conocimiento de lo que encierra el alcance de esta certeza espiritual? Pienso que no, pero elevaras conciencia y llegara el momento en que el conocimiento y la sabiduría tomen su connatural asiento en tu fuero corporal.

Bien, el caso es que no lo sabes ahora, pero en la medida que llegue más y más luz a tu conciencia, lo sabrás; ¡El Eclesiastés no se equivoca! Pienso que tu cabeza no rebobina a plenitud lo que te estoy diciendo y trasmitiendo; pero eso no tiene importancia porque de todo ese bagaje espiritual que explico, algo queda.

Pienso que a estas alturas tu incredulidad se estará sacudiendo por lo que te he dicho, y más con la crudeza y sin la prudencia de lo que el “ego alterado” me dice que, por ahora o aún, no es el momento oportuno para que se sepa lo que a la luz del momento en que vivimos deba ser escuchado, asimilado y analizado. Empero, la Verdad es una y eterna, y como tal me acojo a lo dicho por aquella vieja sentencia: con la verdad no ofendo ni temo. Algún día has de elevar tu conciencia y tal vez no lo sea en este preciso momento de tu actual encarnación terrenal, pero sin duda alguna que llegará el momento en que en ti se opere un cabeceo de conciencia, que hará posible que DESPIERTES a una nueva realidad; a la VERDAD; a una nueva dimensión de la conciencia CRÍSTICA; a lo Incognoscible; a lo que guarda ante nuestras narices el infinito desconocido (…)

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Tú, repito, y los ocho millones quinientos mil (8.500.000) seres humanos que habitamos en este planeta, como entidades Divina que Somos, no tenemos ni principio ni fin, pues, Somos y lo Seremos siempre, siempre, seres de Luz, Hijos del Eterno Absoluto, del Padre o del UNO sin Segundo, el cual ha tenido internamente su asiento natural en nosotros, desde eones; hasta la Eternidad.

En el mundo actualmente se está operando un proceso de elevación de conciencias, para con ello alcanzar en el mediano o largo plazo y dependiendo del nivel de conciencia de cada quién, la Conciencia CRÍSTICA. ¡O sea, el salto dimensional de una tercera a una cuarta dimensión! A nivel planetario los “movimientos sociales” trabajan activamente en algo que en apariencia no saben de qué se trata, pero intuyen y tienen la firme percepción de que están en el camino correcto. Están en el proceso de DESPERTAR de una conciencia social a una nueva realidad; de eso se trata familia,

José Agapito Ramírez Montes
Santiago de Chile, 18/12/2019

VibraCosmos

Soy un profesional de la ingeniería eléctrica con años de experiencia en la profesión, pero desde hace 23 años me dedico a escribir artículos sobre tópicos de índole espiritual, etérico, dimensional y cósmico. Mis artículos no están circunscritos a lo que está determinado en esta tercera dimensión (polaridad, dualidad, positivo-negativo, etc), sino que va más allá de lo tridimensional y trasciende en mucho lo que tenga que ver con la cuarta, quinta, sexta y séptima dimensión. Me considero un investigador nato de lo desconocido. Eso, sí, siempre apegado a la "verdad".

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