ES TANTO DE LO QUE HAY QUE HABLAR DE JESÚS…

Por: José Agapito Ramírez Montes

Yo, en lo personal y muchos más, estamos plenamente convencidos de que el rol de Jesús El Cristo fue entre otras cosas el de un Gran Maestro y educador, y de eso no hay dudas de que deba ser aceptado con certeza y plena convicción. Jesús vino a nosotros para hacemos comprender mejor la vida sobre la tierra. Nos mostró que todas las limitaciones materiales vienen del hombre y que es necesario no interpretarlas nunca de otra manera. Jesús no solo simboliza la Supraconciencia que en él se manifestó como la Conciencia Crística, sino que en Jesús el hombre quedó demostrado que tal conciencia también es posible alcanzarla en todo ser humano. 

Jesús vino a convencernos de que su Cristo interior, por el cual él realizaba sus poderosas obras, es el mismo que vive en nosotros, en Él, y en todos los seres humanos. Aplicando su doctrina, podemos realizar las mismas obras que él hizo y aún más grandes; así lo declaro. Creemos que Jesús vino a mostrarnos que Dios es la gran y única causa de todas las causas, que Él es Todo.

Esta Gran Alma vino a la tierra para mostramos en su plenitud el camino hacia el verdadero Dios, Omnipotente, Omnisciente y Omnipresente. Él nos hizo ver que Dios es todo bondad, todo sabiduría, todo verdad, todo en todo.

Este Gran Maestro, del cual se le recuerda hoy y siempre con virtuosa devoción, fue enviado para mostrarnos que Dios no mora solamente fuera, sino también dentro de cada uno de nosotros. Que no se separa nunca de nosotros ni de ninguna de sus creaciones, que es siempre justo y amoroso, que está en todo, sabe todo y es todo Verdad.

Sinceramente creemos que hemos sido creados todos iguales. Todos los hombres no son más que Uno. Cada uno es capaz de cumplir las mismas obras que Jesús hizo y, si no es ahora, lo hará a su tiempo. Nada hay de misterioso en esas obras. El misterio no reside nada más que en la idea material que los hombres se hacen.

Algún día seremos conscientes de que somos auténticos Hijos de Dios, no sirvientes; que como Hijos podemos y contamos con todo lo que tiene el Padre, y que podemos utilizarlo con la misma libertad que nuestro Padre. Jesús, lo hizo posible, y también lo hará posible cada uno de los seres humanos que hacemos presencia terrenal en este plano.

¿Puede existir un ejemplo mejor y más genuino acerca de esta vida que la de Jesús? ¿Cómo es posible no reconocer el poder que hay en Su nombre, Jesús, el Cristo manifiesto?, ¿O Dios manifestándose a través del hombre de carne y hueso? Jesús llegó al lugar en el que confió por completo en Su profundo conocimiento o comprensión de Dios y así fue como llevó a cabo sus obras. No confió en Su propia fuerza de voluntad o en pensamientos intensos y concentrados, no. No, no fue a través de su propia voluntad ni de pensamientos concentrados, sino de la voluntad de Dios: “Que se haga tu voluntad, Dios mío”. Voluntad de hacer la Voluntad de Dios. ¿Es dable creer que Jesús deseó hacer en todas las cosas la voluntad de Dios o lo que Dios quería que él hiciese?

¿Acaso no es sabido que Cristo mora en nosotros y en todos? ¿Acaso no es sabido que vuestro cuerpo es puro, perfecto, joven y hermoso para siempre, así como divino? ¿Acaso no es sabido que Dios nos creó a imagen y semejanza exacta de Él mismo y que nos dio dominio sobre todas las cosas? ¿De qué vale entonces que el Padre haya delegado en cada uno de sus hijos el “libre albedrío”?

Nosotros, por nosotros mismos, somos Cristo y de estirpe Crística, el perfecto Hijo de Dios, el Hijo unigénito de Dios, en el que se complace el Padre-Madre. Somos puros, perfectos, santos, divinos, uno con Dios, todo Bondad, y cada uno de los hijos tiene derecho a proclamar esta Filiación, esta Divinidad.

Tras Su iluminación. Jesús nunca se permitió morar en lo externo. Siempre mantuvo Sus pensamientos en la parte central de Su ser, que es el Cristo. En Jesús, el Cristo o Chispa Divina, que es Dios en todos nosotros, viviendo en todos ahora, se manifestó para mostrar, de manera perfecta, que reinaba sobre el cuerpo material, el hombre de carne y hueso. De ese modo realizó todas Sus obras, y no porque fuese distinto de ninguno de nosotros. No contaba con más poder del que todos tenemos hoy. No es que Él fuese Hijo de Dios y nosotros sólo seamos sirvientes de Dios, no. Realizó todas esas obras a causa de la misma Chispa Divina que el Padre ha implantado en cada criatura, y la avivó mediante Sus propios esfuerzos al mantenerse en comunión consciente con el propio Dios, fuente de toda Vida, Amor y Poder.

“Después de que Jesús escuchase atentamente las enseñanzas de muchos maestros y sacerdotes del Lejano Oriente, reconoció su sentido profundo e interno. También vio, gracias a la percepción que había obtenido de las enseñanzas budistas, que entre ambas subyacía una gran similitud. Decidió trasladarse a la India, a través de la vieja ruta de caravanas que existía en aquellos tiempos. “Allí estudió las enseñanzas budistas, que se conservaban con un razonable grado de pureza. Se dio cuenta de que, a pesar de las formas ritualistas y de los dogmas que el ser humano imponía, la religión no tenía más que un origen y ese era el Dios interior, a quien él denominaba su Padre y el Padre de todos. Luego lanzó todas las formas a los cuatro vientos, por así decirlo, y se dirigió directamente a Dios, derecho al corazón de esa maravillosa comprensión.

En ese sentido, no tardó en descubrir que para ello no hacía falta pasar largos y laboriosos años con dogmas, rituales, credos, fórmulas e iniciaciones que la clase sacerdotal imponía sobre el pueblo a fin de mantenerlo en la ignorancia y, por lo tanto, sometido. Comprendió que aquello que buscaba estaba justo en su propio interior. Supo que, a fin de ser Cristo, debía declarar que era Cristo. Luego, con una motivación, pensamientos, palabras y actos puros, debía empezar a vivir la vida que ansiaba, con el propósito de incorporarla en el interior de su cuerpo físico. Tras comprenderlo tuvo el valor de seguir adelante y declararlo ante todo el mundo.

No hay un solo personaje en toda nuestra tradición religiosa que tenga tanto arraigo espiritual, como Jesús. Incluso contando el tiempo antes o después de su nacimiento. La mayoría de nuestra gente le idolatra, y ahí es donde se equivocan. En lugar del ídolo, deberían fijarse en el ideal; en lugar de convertirlo en una imagen tallada, debería ser real y estar vivo en nosotros; pues lo cierto es que en la actualidad sigue viviendo en el mismo cuerpo en el que fue crucificado.

Jesús, por el contrario, vive y puede hablarnos igual que lo hizo antes de ese suceso. El gran error que tantos cometen es considerar que su vida finalizó con penas y con la muerte en la cruz, olvidándose por completo que la mayor parte de su existencia se desarrolló tras la resurrección. Ahora, en su cuerpo de luz, puede enseñar y curar con más intensidad que nunca. De así desearlo, podríamos estar en Su presencia en cualquier momento. Si le buscamos, le hallaremos. No es un rey al que se le interrumpa, sino un poderoso hermano que siempre está dispuesto a ayudarnos a cualquiera de nosotros y al mundo. Cuando vivió en el plano mortal y terrenal sólo fue accesible para unos cuantos. Ahora puede acercarse a todos aquellos que le busquen.

¿No dice él: “Vosotros estáis allí donde yo me encuentro”? ¿Quiere eso decir que está siempre en un lugar llamado “cielo” al que sólo podemos llegar muriendo? No, no es así… Está allí donde nosotros estemos y puede guiarnos y hablar con nosotros. Levantemos un poco la mirada y permitamos que alcance un horizonte más amplio; y si permanecemos sinceramente con él, de pensamiento y corazón, le veremos. Podremos caminar y hablar con él. Si nos fijamos bien, descubriremos las cicatrices de la cruz, la espada y las espinas, curadas y desaparecidas; el amor y la felicidad radiantes que le envuelven nos dirán que las ha olvidado y perdonado”.

Consulta: “La Vida de los Maestros del Lejano Oriente”, Baird T. Spalding

VibraCosmos

Los artículos que se publican en Vibracosmos no están circunscritos a lo que está determinado y a lo que rige con mucha fuerza en esta tercera dimensión. Una dimensión en la que priva con mucha fuerza y dominio la polaridad, la dualidad, el sentido de separación y el egocentrismo a ultranza. En otras palabras, estos mensajes y las publicaciones que se difunden van más allá de lo que atañe a lo terrenal y trasciende en mucho lo que tenga que ver con la 4ta, 5ta, 6ta y 7ma dimensión. La verdad de lo que no se publica en las redes y medios impresos de gran poder mediático mundial, aquí en este blog tienen la relevancia, difusión y la caja de resonancia que se merecen. El saber y todo lo que tenga que ver con el Universo conocido y desconocido, es el interés que tiene Vibracosmos para que ese conocimiento y la verdad de lo que se nos oculta, llegue equilibradamente y por igual hasta todos los rincones del planeta.

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